Práctica 3. Reportaje. “‘Chikungunya’: el virus que tiene doblados de dolor a los americanos”

‘Chikungunya’: el virus que tiene “doblados de dolor” a los americanos

Desde diciembre de 2013, el continente americano se ve afectado por un brote de chikungunya, un virus transmitido por algunas especies de mosquitos. Según datos de la Organización Panamericana de la Salud, se presume que más de 860.000 personas han sido contagiadas

Hace tres semanas Vanessa Casas, estudiante de Fisioterapia de la Universidad de Cartagena (Colombia) de 23 años, empezó a sentir dolor en los hombros, la columna y la cadera: ella pensó que se debía, sin más, al cansancio de las prácticas. Pero cuando advirtió que no podía andar por el dolor que también le inició en los pies, y que además presentaba náuseas y diarrea, decidió ir al médico. Diagnóstico: Vanessa tenía chikungunya.

El diagnóstico no sorprendió a la joven, a pesar del nombre ‘raro’ de la enfermedad. Hasta octubre de este año, según datos aportados por el Instituto Nacional de Salud (INS) de Colombia, más de 14.000 personas han padecido chikungunya en ese país. Más aún, en el continente americano, según las estadísticas de la Organización Panamericana de la Salud (OPS), se han notificado más de 860.000 casos que poseen los síntomas de esta enfermedad y que no son explicados por otras causas médicas, por lo que posiblemente la tengan. Se han registrado, además, 153 defunciones a raíz de la enfermedad –de acuerdo con los datos de la OPS– en cuatro territorios: el archipiélago de Guadalupe, la isla de Martinica, la parte francesa de la isla de San Martín, y Surinam.

Pero, ¿qué es exactamente el chikungunya? ¿Cómo se transmite? ¿Tiene cura? ¿Hay posibilidades de que llegue a España?

El Aedes Aegypti es una de las especies de mosquito que transmite el virus Chikungunya. Tomado de The Rockefeller University
El Aedes Aegypti es una de las especies de mosquito que transmite el virus Chikungunya. Tomado de The Rockefeller University

“Doblarse por el dolor”

Según la define la Organización Mundial de la Salud (OMS), la fiebre chikungunya “es una enfermedad vírica transmitida al ser humano por mosquitos”, que “se caracteriza por la aparición súbita de fiebre, generalmente acompañada de dolores articulares”. El nombre –explica la página web de la OPS– le viene de la lengua makonde, hablada por una tribu de Tanzania, lugar en el que se dio por primera vez un brote de esta enfermedad en 1952. Significa “doblarse por el dolor”.

Precisamente, esto fue lo que se encontró el Dr. Ariel Bello –médico internista colombiano que atendió a Vanessa– en el primer caso que atendió hace dos meses: “Era una mujer que presentaba fiebre y dolores articulares en los pies, las piernas y las manos; y además tenía sarpullido. Me dijo que había ido al centro de salud de su pueblo y que allí pensaban que era dengue o leptospirosis; pero como no mejoraba la trajeron al hospital”. El Dr. Bello sospechó que podía ser un caso de chikungunya: los síntomas coincidían con aquellos que había visto que padecían los afectados por esta enfermedad en otros países de América y, además, había recién comenzado el período de lluvias en la región, lo que significaba presencia de mosquitos.

“Me empezaron a llegar entre dos y tres pacientes diarios con los mismos síntomas: fiebre de más de 38.5 °C, mialgias (dolores musculares), artritis (dolores en las articulaciones por inflamación), nauseas, cefalea y exantemas (sarpullidos)”, cuenta el Dr. Bello. Para él era importante identificar correctamente que estos pacientes tenían la enfermedad, de manera que no ocurriese lo que le había sucedido a la primera paciente que atendió: “El asunto –explica– es que hay enfermedades que se transmiten a través de las mismas especies de mosquito que hospedan al chikungunya (el Aedes Aegypti y el Aedes Albopictus), como es el caso del dengue; y hay otras que aparecen por las mismas condiciones sanitarias –las aguas estancadas por las lluvias– en las que se presenta esta enfermedad, como la fiebre tifoidea o la leptospirosis. De allí que en ocasiones haya dificultades en el diagnóstico”.

El Dr. Ariel Bello, médico internista colombiano, atiende a uno de sus pacientes afectados por el Chikungunya
El Dr. Ariel Bello, médico internista colombiano, atiende a uno de sus pacientes afectados por el Chikungunya

“Ni vacunas ni medicamentos”

Elvira Ferrer, ama de casa de 76 años en San Jacinto (municipio del Caribe colombiano), sabía que tenía chikungunya cuando empezó a sentir los síntomas producidos por el virus, que ya había tenido su esposo. Sin embargo, no quiso consultar al médico porque “todos en el barrio y en el pueblo han tenido la enfermedad”: ella misma se recetó un acetaminofén, para disminuir el dolor y la fiebre. Pasaron cuatro días y le desaparecieron  los síntomas.

En realidad, lo que hizo Elvira no era muy distinto a lo que le iba a decir cualquier médico. Como expresa el Dr. Bello, “por ahora, no hay ni vacunas ni medicamentos para combatir el chikungunya: todavía se está investigando en el asunto. Lo que hacemos los médicos es aliviar los síntomas con analgésicos y antipiréticos (medicamentos que disminuyen el dolor y la fiebre, respectivamente: tal y como lo hace el acetaminofén), recetamos que haya una hidratación constante y reposo”. Lo normal es que, con estas indicaciones, el paciente se recupere “en poco menos de diez días”.

No obstante, Elvira –que se curó en menos días de lo acostumbrado– sí corrió un riesgo. Según explica el colega del Dr. Bello, el Dr. Fernando de la Vega, médico infectólogo colombiano,  “el chikungunya puede afectar de manera severa a los adultos mayores y a los niños”. De hecho, la tasa de mortalidad de esta enfermedad, que es muy reducida (de los miles de casos que se han presentado en el brote actual en las Américas, han ocurrido 153 defunciones), es muy superior en el caso de los mayores de 65 años: de acuerdo con el informe publicado por la OPS Preparación y respuesta ante la eventual introducción del virus chikungunya en las Américas, “los individuos mayores de 65 años presentan una tasa de mortalidad 50 veces mayor a la de los adultos más jóvenes (menores de 45 años)”. También es cierto que dicho informe manifiesta que la causa de esto último no es clara: lo atribuyen a “enfermedades concomitantes subyacentes” o a una “respuesta inmunológica disminuida”. Por otra parte, el Dr. De La Vega señala que el riesgo no es solo para los niños y mayores: “Mucho de los pacientes que atiendo por chikungunya son, sobre todo, personas afectadas por el VIH y diabéticos”.

A pesar de que los riesgos sean mayores para algunos grupos específicos, los demás no deben “confiarse”. El Dr. Bello cuenta que una de sus pacientes jóvenes no quiso ir donde él cuando empezó a sentir los síntomas hace tres semanas: “Por no venir, no pudo levantarse de la cama en cuatro días por el dolor; tenía fiebre alta y además le aparecieron edemas en las orejas y la nariz por un par de días… Hoy todavía sigue con dolor: ni siquiera puede cerrar las manos”. Por eso, en algunos casos, el Dr. Bello se ve obligado a utilizar antiinflamatorios, ya que los dolores articulares causados por el chikungunya pueden persistir por más de dos meses.

Lo más importante –coinciden el Dr. De La Vega y el Dr. Bello– es la prevención: utilizar el repelente de mosquitos y evitar las aguas estancadas; además de otras medidas necesarias como la fumigación. Con todo y esto, la percepción de ambos médicos es que la epidemia tardará en desaparecer por las condiciones sanitarias de la región.

Chikungunya en España  

Ante la proliferación del virus chikungunya (que hasta ahora se ha identificado en 40 países) no es extraño que la Asociación Nacional de Empresas de Control de Plagas (ANECPLA) advirtiera, hace poco menos de un mes, “la importancia de tomar medidas preventivas en España para estar preparados ante la posible aparición de afectados por el virus chikungunya”, según aparece en su página web.

Sin embargo, como afirma Enrique Baquero, profesor de Zoología e investigador en Entomología de la Universidad de Navarra, no se debe pensar que estos posibles “afectados” vayan a serlo por contagios autóctonos; es decir, que un mosquito portador del chikungunya aquí en España le transmita el virus. “Hay que estar tranquilos”, remarca Baquero: si bien es cierto que en la península ibérica esté presente una de las especies que transmite la enfermedad, el mosquito tigre (Aedes Albopictus), es muy difícil –explica el investigador– que prolifere el virus por dos condiciones. La primera es que “no hay una gran población de mosquitos tigre en España. Los estudios realizados hasta ahora muestran que solo están concentrados en los alrededores de San Cugat (Cataluña), Andalucía, Murcia y Valencia”. Por otra parte, continúa el profesor, “el número de enfermos también es reducido: los únicos casos que se han dado en España se deben a personas que han sido contagiados fuera y han desarrollado los síntomas aquí”.

Por este motivo, concluye Baquero, los enfermos por chikungunya en España estarían “más relacionados con el movimiento de personas de un país a otro que con los mosquitos”. En definitiva, los españoles no tienen nada que temer ante el mosquito tigre: por ahora, en el país ibérico, este no tiene la misma “fiereza” que le ha dado el virus chikungunya en las Américas.

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